Virtualidad textual

Hay sabores agrios, como el del café frío o el de la cerveza caliente, como el de la mentira.
Algo así.

horas sin sombra
claro aliento de tu sueño
eres inmensidad.

Conocer a una persona es como abrir una puerta jamas abierta, lo hacemos con incertidumbre, curiosidad y riesgo. Esperamos pacientes lo que se nos va a descubrir, no sólo a los ojos, sino también al corazón, sobre todo al corazón. Nos vestimos con aire y sueños, para transitar en las venas del tiempo, en el rojo profundo de los días y los suspiros. Aguardamos también ansiosos los abrazos de fuego que se pueden dar, y recibir el aliento líquido que se provoca en los cuellos hundidos y espesos que dan cobijo, y en los labios que se van conociendo para nunca terminar de hacerlo, para ampliar los surcos de la tierra-piel y enterrar los besos debajo de la arena, ahí, donde nos hacemos mar y luego lluvia; y así, hasta donde acabé el pulso de la vida y la energía de los tiempos.

En las horas de las absurdas llamadas,
las que te hacen de noche sin esperarlas,
en las horas de las deshoras,
de esos momentos híbridos de la vigilia obligada,
cuando tres silencios y un nombre te hacen temblar,
se te hunde el estómago,
y los dedos no alcanzan para enredar la calma,
para asirla, y se resbala, con líquida gracia,
y vienen cansadas las canciones del alma,
intentando sofocar el desasosiego,
estirando los ojos en la penumbra,
probando los nuevos amargos y algunas mieles.
En las horas de la calma vienen las llamadas,
en las llamadas se deslizan las palabras descompuestas,
podridas desde él que las pronuncia,
de esos olores a muerte.

Caro da la vérmibus

Le soplaba el viento de muerte en la nuca, tirones desde la tumba que le llegaban al corazón. De su aliento formaba volutas que giraban en el resplandor de la mirada. La tierra lo reclamaba.
La muerte le llamaba por su nombre y él le contestaba mientras la miraba de frente, con la barbilla en alto.
Así en la tarde de un martes amarillo, como todos los martes, cayó en el piso del baño mientras se duchaba, gritó sin ser escuchado, gritó en silencio, y ahí, tumbado quedó, sepultado con el nombre de ella en los labios, porque ella lleva el nombre de la muerte.

No sé qué tienen los brazos del infierno, pero siempre te veo muy cerca de ellos. La frente se te torna lenta, con tus ojos clavados en el desierto, con pupilas sórdidas y un hocico bien abierto.
Se te escurre el deseo entre los dientes, jadeante…
Con las piernas llanas y prestas, haciendo un cuello interno titilante y complaciente.
No sé qué tiene tu cuerpo y recuerdo, mis pequeños infiernos que viven en los pulmones del cielo.

Asimetría

El amor es asimétrico. Por naturaleza es asimétrico.
Incensante batalla cruenta
agazapar los abrazos malditos
esperar las llamadas furtivas
apañar las bocanadas de humo
enterrar los ‘te quiero’ lo más hondo.

El amor es asimétrico, como nuestras miradas.
Cuando estas se encuentran disimuladas…
Es arder en lo insurrecto
en lo inmoral.
Nunca me digas ‘te amo’ por necesidad, por ausencias.
Ama por anhelar.
Adora por vivir.

Guarda todas esas palabras que ahora son tuyas
que fueron mías
que ahora me condenan.

Amor es saber que a veces eres olvidado…

Nunca he sabido esperar, nací con esa perversión dormida. No sé respirar lentamente, tampoco cerrar los ojos en medio de la luna; el corazón se agita.
Nunca aprendí a olvidar el tiempo, ni a tejer la paciencia; desgarro siempre los minutos, me gusta ver como tiemblan las hojas de los árboles, como tiemblan mis lágrimas.
Nunca aprendí a tranquilizar el plexo, siento cada palpitación, cada inhalación que nunca es profunda, que se queda en el torpe intento de ser un sueño que siempre aprieta, ahoga.

*&

Levitaba en su mente la ausencia, sus ideas se sumían en las sombras. Los secretos de ella, los que guardaba en las tumbas de sus horas, en las tinieblas de su pasado, en lo más profundo de la obscura noche, como si un manto de estrellas endemoniadas cubriera su boca y cosieran sus labios con seda, dejando un silencio arácnido, un silencio que él, no estaba dispuesto a comer.

Amapolas en tu cuello…

Amapolas en tu cuello…